ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Violenta cabeza editorial: desde MCMXC al Día del Libro 2012

miércoles, 25 de abril de 2012
Ah, mi cuello... aah. Mira cómo está. Sin darme cuenta lo he forzado hasta conseguir, creo, un esguince cervical y contracturas musculares en los hombros. Como por despiste.

Estos días he hecho cosas en la calle, sí, varias, pero en realidad no me he despegado de la mesa a jornada completa. Si quito los menesteres ociosos y otros varios, quedan unas cinco-seis horas de media, en días consecutivos, escribiendo al ordenador. Que eso es SER ESCRITOR, un aburrimiento a menos que los personajes te hablen, o se pongan a hablar entre ellos y los escuches.

Las horas han pasado en un pestañeo, y como apuntaba, al levantar la cabeza para salir del cubil en fin semana, el dolor, el mareo y la sensación de tener un palillo clavado en una naranja en vez de un cuello sano ha sido todo uno.

Me interesa el Día del Libro sólo como adorno bonito para encabezar estas letras. Unos números fáciles de olvidar. A estas horas no sé si me pesa la cabeza porque los músculos del cuello están algo dañados, o por el volumen de páginas que están en la cola de impresión, o por ambas cosas. Creo que lo último.

Es muy desconcertante que estos días he realizado unos cuantos envíos de material y han regresado por donde vinieron. No voy a desvelar dónde ni tampoco es lo que he largado en Twitter. Pero, de forma espantosa, resulta que esos sitios pierden el servicio o traen de vuelta los mails con esos errores de mailer-daemon default. Y a mí se me queda cara de panoli, la boca entreabierta con la mandíbula un poco torcida hacia la derecha, y los ojos bizcos o un intento de, si supiera cómo ponerlos.

"[...] El trabajo intelectual como un absurdo que acaba por conducir a la locura" leo en la Wikipedia.

"MCMXC - Sadness" leo en Youtube. Y escucho. La sinestesia invade hasta la última capa tisular de mis células.

En 1991 escuchaba el disco sin cortes, original, durante las terribles tardes de verano a 38º en la sombra. Escribiendo sin pausa con mi recién estrenada máquina electrónica. Un folio tras otro. Con Mea Culpa imaginaba una escena siempre tipo Poe, con un carruaje anglosajón oscuro, caballos negros de penachos y un cochero maligno. Después, danzaba al ritmo de Principles of Lust.

Luego al ritmo de Carly´s Song.

Después llegaría un 25 de noviembre, 1996, día del lanzamiento mundial que fui por mi CD. Llegó después un invierno tremendo, con magníficas horas ininterrumpidas con la música sin pistas, una libreta cada vez más llena y una chimenea con fuego de verdad donde quedaba hipnotizada, al hacer las pausas de escritura.

Enigma y la Escritura han estado más juntas de lo que recordaba hasta hoy. La relación con la escritura se rompió sobre 2003, fecha en que me desentendí un poco del nuevo álbum (The Screen Behind the Mirror) aunque escuché algunos temas memorables. Después, silencio.

En el intermedio, en las partes más destacadas, no encuentro recuerdo alguno sin esa banda sonora de fondo:

para escribir un libro
para escribir otro
para meditación
para hacer footing
para corregir un libro
para streaptease casero
para corregir otro libro
para follar
para coreografías de baile moderno
para lectura-performance de poemas

Michael Cretu, el muy cabrón, ha sacado otros tres ábumes (Voyageur, A Posteriori y Seven Lives Many Faces) de los que no tenía ni idea.

No es extraño que ahora, que vuelvo a sentarme y pasan las horas volando, reencuentre a un viejo amigo. La inspiración llega sola, no hay nada que pensar, ni recuerdo el nombre de las editoriales que existen hoy donde podría encajar lo que está en proceso; todo me da igual, por unos minutos de eternos acordes juntos.

Y así es como nace el antiguo estado alterado  de conciencia (y sin sustancias raras, oiga, qué barato). Por unos instantes, olvido el hartazgo del Día del Libro, repetido hasta la náusea en las redes sociales -preocupante indicativo de cómo está hecho mi TL, por ejemplo-.

Estoy escribiendo el quinto nuevo libro de poemas, aunque estos meses haya jurado que sólo estaría ocupada con narrativa. La cabra tira al monte.




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