ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Das Grab (parte III alternativa)

viernes, 12 de octubre de 2012
*Das Grab , versión alternativa de La doble barrera III (J. H. IV)
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Hasta que llegó el día de la liberación.

El día en que el estás a prueba, con la crisis han bajado los ingresos y sólo te pagaría esto se convirtió en el he decidido que no voy a contratarte, no atraes a los clientes.

Nunca pensó que sería, también, el día de su condena.
Mientras las semanas pasaban, Gerta no tenía otra cosa que hacer que dolerse por las agujetas, pensar en los perros imaginados haciendo sus deposiciones en el plato donde comía Steinen, que la reventaran los piojos o le diera un mal cáncer genérico; pero nunca calibró las consecuencias de perder aquel mísero empleo.

Tras dos semanas de pruebas y sueldos a medias, Steinen la citó el domingo por la mañana, tras acostarse a las tres de la madrugada la noche anterior. Turno de día, vamos a probar, le había dicho como despedida sin sonrisas. Sentencia para mal-dormir unas pocas horas, como regalo final.

Tras dar vueltas como de costumbre, fregar los vasos esta vez sin alcohol y dejarse las manos enrojecidas con el detergente, Steinen le escupió que pusiera un café con leche en sus dedos arrugados. Y que se sirviera lo que quisiera ella.

Sentadas a la mesa, con más arrugas en torno a la comisura de los labios y tres surcos a modo de pata de buitre sobre los ojos azul celeste, aquella vieja le dijo con una sonrisa de asco: eres mona y muy trabajadora, pero no hay dinero ahora mismo para darte un sueldo, como hablamos hace unos días. No estás contratada.

Sin más.

Gerta salió con una sonrisa en el rostro, encantada de perder de vista por fin aquel tugurio y no volver a pisarlo, ni aunque le regalaran el café. Sólo al atravesar el callejón sucio se dio cuenta del error. ¿Y cómo iba a vivir ahora? ¿Y las facturas? ¿Y todo lo demás? ¿Y LA VIDA?

Deseó no haberse cruzado nunca con aquel proto-engendro de ser humano. Deseó no haber accedido nunca a aquel lugar. Deseó cambiarse por la compañera que salía en televisión dando las noticias importantes de la vida, maquillada, bien vestida, peinada a la moda. Aquel ser lejano, protagonista de la nueva generación post-feminista que lanzaba su guiño desde las portadas de las revistas especializadas para hombres, ella había sido su amiga de aventuras.

Ella que le había presentado a Toni cuando Roberto desapareció por voluntad propia, el mismo Toni que pudo ser y quedó en entrenamiento pasajero, “porque nuestras vidas son muy distintas, cuando terminemos de estudiar cada uno volverá con su familia a kilómetros separados”. Y la otra compañera, amiga de las dos, que había tenido una mala noche por cenar poco y cayó semiinconsciente en el intervalo de dos copas. Gerta había salido a quemarlo todo y se sintió furiosa de la interrupción en masa del evento tan esperado; después se sintió culpable, qué persona más mala, y fue la única que se queda con la otra ella de las revistas en la sala de espera de urgencias.

Ese mediodía de domingo no estaba en el callejón ni el perro con chinchorros. 
Cruzó la plaza mirándose la punta de los pies, para no encontrarse con los maquillados ojos de su antigua compañera. No era el día correcto. Hoy no.

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Para no hacerse un lío:
 
 
 
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