ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Guepardos nocturnos

martes, 8 de abril de 2014
 
En las quietas horas de la noche [mientras vivo] cuando las sombras deambulan ahí fuera, déjame que arda al simple contacto de las yemas de tus dedos, ahí aún lejos, acercándose, ignición, a la espera de toda la mano completa sosteniendo mi cabeza hecha jirones [giros, giroscopio] de hierba.

Tu sola respiración abrasa otros alientos de la belleza 
y la torsión del rostro hacia lo alto.
Largas horas de la noche, 
y las palabras apropiadas,
y el roce en su lugar correcto bajo los hombros, por la señal de las sombras
que deambulan fuera.

En la Sombra está el Oro, dijo Jung. Lo que escondas, te consumirá. Fagocitará tus tripas.



Porque siempre estamos proyectándonos fuera u obligados a proyectarnos fuera con trabajos horribles en equipo. La idea era, de hecho: trabajo en equipo es que cada uno hace su parte, por su cuenta, y después se pone todo junto. No que se trabaje todos juntos, a la vez.

[Hay quien siempre necesita el apoyo de los demás, y si no lo reciben, dicen que los otros son malvados entes. Pobres. Los del apoyo]

El agradable olor de las cuartillas nuevas y el orden de las páginas. Dibujar ojos con los que mirar hacia dentro del uno, para así poder observar el fuera. Y cuántas noches he pasado aquí dentro, soñando con otras noches fuera y poder arder del todo en un simple roce, tenue roce, caricia al aire de la pared y estallido. El olor de las cuartillas nuevas y el orden de las páginas, cuadrículas, arquitectadas, que permiten escribir en los márgenes y aletear lo establecido inmutable.

Las noches de fuga y soledad, tú y la caricia del aire que arde, la imagen en movimiento de pasar páginas, trémula fuente de luz, grietas en el muero y el silencio de las sombras que no pueden deslizar la tinta por su espalda.

La fuente de lo alto siempre baja desde dentro para derramarse en un millón de colores, los que pelean de a uno contra las malas ideas, el pesimismo, el viento malo, el miedo hecho carne a las puertas de la celda.

Y a las puertas han liberado al preso, que no sabe hacia dónde correr por tanto tiempo sentado en la oscuridad. Y porque no hay trazado sobre el suelo; tendrá que hacerse nuevo en un día de guepardos. Y cruzar en rojo un semáforo superpoblado, una noche cualquiera.

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