ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

El pan y la sal

lunes, 4 de agosto de 2014
Un buzo ahí arriba, a la izquierda

La gente siempre está dispuesta a creer. Sea en lo que sea. Tú estás dispuesto a creer. Siempre hay algo más, y si no lo nombras con el título de algún dios, de alguna diosa, entonces lo etiquetas con el nombre de ciencia. O de poder. El poder humano, disimulado con la etiqueta de "política". Adscribirse a un partido, de un lado u otro del centro del campo, diluírse, creer en ese poder superior. 

Siempre está dispuesta a creer, la gente, porque debe existir algo, fuera y externo, más potente. Y en esa creencia nos manipulan en el primer mundo: todo está allí porque tú no vales nada. Nos bombardean con la vida de otros. La Gran Red es el invento definitivo para la colectiva anestesia (en eso has sido adiestrado cuando no hay belicismo ni hambre, ni siquiera enfermedad en el calendario de vacunas). Y reproduces el escaparate del famoso con el que has crecido, narras tu vida en Facebook en la alucinación de que realmente importe.

Estamos controlados por el miedo. Nos adiestran en necesidades que no existen, para gastar y gastar. Y si quieres consumir, debes ganar. Y si gastas, mueves la industria para que produzca aún más cosas para gastar. Redirigen tus necesidades para que la exaltación llegue por adquirir una novedad tecnológica, ropa de marca que te hará más guapo, vermús todos los días, sorpresa efímera de la buena hora y que la sorpresa por un amanecer la pierdas; o por una tarde al sol, un día en compañía de otros, una siesta de vértebras humanas, simplemente ser.

Que el ser no vale, a eso te aleccionan; puedes bailar de forma aceptable, pero sólo hay un Nureyev, una Plisétskaya, un Picasso en Arlés. ¿Por qué? Nada humano me es ajeno. Y nunca lo será. Nadie está pidiendo un sitio en la liga NBA con uno cincuenta de estatura. 

Pero te controlan con el miedo. A la gente nos cuentan mentiras sobre la trascendencia, para que te esfuerces en consumir más cosas que no llenan hueco alguno. Trascendencia es ser ahora, no mañana. El mejillón quieto, con su cáscara seca lejos del agua, no hace nada.

¿Pueden respirar si el agua no les cubre? No se mueven.

O peor: ¿respiran ahí?


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