Cruzar a Wonderland

Es difícil concretar el segundo exacto del paso que te precipita al abismo de Wonderland. Un tiempo paralelo a este, a medio camino entre el día de la Poesía y la Semana Santa, la brisa con sol que recuerda a las camisetas de manga corta bajo los jerseys, la alegría de la primavera retornada con la santidad de los inciensos. En ese lapso se produce el momento definitivo en el que cedes, sin darte cuenta. No lo recuerdo. Sin retorno ni conciencia del peligro, porque eso les ocurre a otros, tú no puedes estar ciega.
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Aunque es de noche...

Aparece para llevarse por los aires todas las teorías sobre arte y sufrimiento. A la mierda. Explosión. Trozos.

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Después de la tormenta



Viento
  lluvia
    nieve

Sol
  mar
    desierto. 
Uhm, no me saques fotos. 
No son fotos, es un relámpago. Sí, se acerca la tormenta. 

Llueve fuera. Alguna centella. 

Déjame descansar en el espacio entre tus brazos. Niego que no existan palabras suficientes para todo, porque todo puede decirse y expresarse. Sudor y dulzura. 

Fuera deja de llover y silencio. 

He encontrado el espacio donde la intensidad no permite las palabras -por primera vez.
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Y si existimos sólo para Google

Presentación de la novela de Belén Gopegui. A Coruña, noviembre 2017
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