ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Los fantasmas que guían las manos

domingo, 11 de enero de 2015
La sangre es de verdad. Y tan de verdad, coño, cómo pica

Shhh, calla. Que me quedan sólo 17 páginas. ¡Cállate!
...
Que me quedan 15, ¡por favor!
...

Lo intento pero el maullido es insistente. Se roza por mis manos, me grita mirándome a los ojos (la veo por debajo de una esquina del libro). No hay manera. Ahora se tumba enseñando la barriga, con la mirada amenazante, indestructible, de AHORA, YA. Suelto el libro un momento. 10 páginas quedan.

Hazme caso. Ahora. Maldición gitana pa ti

Acaricio la cabeza de mi caprichosa gata. Sigue patas arriba, estira las delanteras, simulo morderle una oreja (sin apretar) y ella saca las uñas y simula que me atrapa la cara, sin apretar tampoco. Se da por satisfecha y de un respingo ya se ha incorporado, salta y huye contenta de la habitación, ufana porque es capaz de sacarme de la abstracción más profunda para dirigirlo todo a ella, aunque sea a gritos. En el giro ha rozado mis labios con las uñas todavía fuera.

Quedan 9 páginas y empiezo a notar algo húmedo que chorrea por mi labio inferior, algo pica. Aprieto con el dorso de la mano y no me sorprendo del rojo chillón que aparece, otro arañazo más, leve, de los mil centenares de todos los días. 

Quedan 7 páginas para terminar y giro la mano, un segundo, para fijarme otra vez en ese rojo fosforescente. B positivo. Me da la risa. Vuelvo al texto, plasma sanguíneo, sangre, donación de sangre, mira lo que tengo en mi mano, otra carcajada enorme y extraña, porque el tirón final (a menos 20 páginas del último punto) me había puesto el nudo en la garganta y los ojos desorbitados que le encantan a mi gata para exigir atención sobre ella y no sobre el libro, ay, pica, no me puedo reír, estas cosas tan raras sólo me pasan a mí, la realidad supera siempre a la ficción, que me desangro terminando el libro, tengo que hacer una foto porque esto es increíblemente estúpido o extraño o lo que sea, quedan cinco malditas páginas y amenaza la gata con acercarse de nuevo, pero no lo hace.

Mirar la sangre, quedarse ahí, los fantasmas de unas páginas antes seguro que no son, pienso, esos a los que llamo fantasmas, seguro que Gopegui no se estaba refiriendo exactamente a esos, o sí, o no, pero la sola mención es lo que cuenta y me imagino lo que me da la gana que para eso soy el lector, ahora, y pienso, esa otra foto que hice antes de ayer con un reloj público que se ha estropeado justo a la hora y minuto de mi nacimiento, pienso, los fantasmas me rodean ahora también, sean los mismos o no, que ya no tengo más chorradas que pensar para evitar el final, ya está, cuatro páginas y media, me miro otra vez el dorso de la mano, el rojo empieza a secarse, he hecho una foto, ya está, la gata ha vuelto a salir de la habitación, no me queda más remedio que abstraerme en las tres páginas últimas y compartir, unos pocas líneas más, los fantasmas que rondan. Sean los mismos o no.
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