ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Malditos cerebros (I)

miércoles, 25 de abril de 2018

Hasta hace muy poco, quizá cuatro meses, pensaba que todo el mundo al pasear se fijaba en el más mínimo detalle (desde los escaparates, el perfume de otros paseantes, las aceras, los colores de los coches, la luz natural, alguna matrícula curiosa, un pájaro que cruza) y de ahí surgía la figura del flâneur como investigador de las calles. También creía que cualquier persona, durante una velada en una cafetería, podía atender al relato que hablaba su interlocutor y responder en conversación animada, mientras revisaba los mensajes/notificaciones de todo tipo en el móvil y la última polémica con la que arden las redes, enterarse y reír con el chiste narrado en la mesa contigua a un volumen medio-alto, percibir un cambio de temperatura en el ambiente o el inicio de cierta canción en el hilo musical del local, fijarse en los detalles de quien entraba por la puerta o si ocurría algo tras lo ventanales con vistas a la calle, como el paso acelerado de un coche de bomberos. Todo a la vez, sin esfuerzo y sin perder la concentración de la animada charla con el amigo ni de los otros detalles enumerados.

Pero esta forma perceptiva que toda mi vida consideré intrínseca a cualquier vecino no lo es tanto, sino producto de la hiperestesia que, entre otras características, acompaña a las altas capacidades.

Dedica El País este nuevo reportaje a la superdotación, con la terminología que se utiliza ahora de altas capacidades intelectuales, para ahondar en un tema aún sujeto a la incomprensión y todo tipo de estereotipos y prejuicios, los mismos que rápidamente quedan reflejados en algunos comentarios del propio texto. Ideas de siempre: un superdotado es una especie de genio que realiza importantes descubrimientos y contribuciones para la humanidad, sobre todo en el ámbito científico. O es un alumno de expediente académico brillante que no tendrá ningún problema escolar, dentro de la tradicional confusión entre resultados y capacidades. Los desastres comienzan justo durante el paso por el sistema educativo, cuando la desmotivación y la frustración horadan poco a poco a ese alumno, y pueden llegar a un estrepitoso fracaso escolar, a convertirlo en un adulto sujeto a mala adaptación laboral o social por la defectuosa autoestima, susceptible a futuros problemas emocionales de gravedad variable. Cada caso es muy diferente, según características y personalidad propia, pero un rasgo común suele ser un profundo dolor existencial. Literalmente es encajonar un coche de Fórmula 1 dentro de las calles de una ciudad, o dentro de esa atracción de feria de los coches de choque. La facilidad para aprender, que a priori es una ventaja, se convierte en un obstáculo tal y como está planteado el sistema. 

A fecha actual existen varias aproximaciones teóricas al constructo de la inteligencia humana y posibles parámetros para hablar de superdotación (SD)/altas capacidades intelectuales (AACC), como las recientes formulaciones de los tres anillos de Renzulli o la clasificación de inteligencias múltiples de Gardner. También una serie de conceptos diferenciados como precocidad intelectual, talentos simples o talentos compuestos. Sin querer profundizar en exceso, la definición básica hasta ahora de SD: un coeficiente intelectual (CI) de 130 en adelante, según tests psicométricos estandarizados (130 en la escala de Wechsler, 132 en la Stanford-Binet, 148 en la de Cattell) que se acompaña de hipersensibilidad, tanto a nivel emocional como perceptiva (sobreexcitabilidad sensorial, hiperestesia y en ocasiones sinestesia) y de una alta creatividad, o un tipo de pensamiento conocido como arborescente, en el que distintos temas se agrupan, ramifican e interconectan para llegar a la conclusión lógica frente a un desarollo lineal del pensamiento. 

Esta característica se da un 2% de la población, y significa un percentil de 75 hacia arriba en todas las áreas evaluadas, mientras que la definición altas capacidades intelectuales abre la horquilla al 10% de la población, pues se refiere a una o varias áreas donde se alcanza un percentil 95, sin que forzosamente la media arroje siempre un resultado de CI superior a 130.

Las baterías de tests mencionados, que difieren según escala, son una primera aproximación diagnóstica y de uso habitual desde hace varias décadas para detectar esta condición. Miden distintas áreas de competencia (lógica, verbal, matemática) así como parámetros de velocidad de ejecución o memoria de trabajo. Como apunte, no están sujetos a la simpleza de un examen en el que suspendes con una nota de 4,9 y con el 5 apruebas; no significan que una persona con CI de 129 no sea superdotada y una de 130 sí. Para una valoración no sólo se incluyen cifras sino la asociación y concurrencia de las otras características, así como ciertos rasgos de carácter que se dan de forma general, aparte de las variables de personalidad.

En resumen, la condición de SD/AACC de una forma cruda no es otra cosa que la recepción y procesamiento de información de una manera diferente, un modo masivo, interconectado y más rápido que el estándar de la población, con una base neurofisiológica en las conexiones cerebrales. Las investigaciones sobre este punto están en desarrollo gracias al avance técnico de nuevos métodos de neuroimagen, que permiten ir más allá de los difíciles estudios con cerebros en vivo. Desde una perspectiva amplia, es una condición de carácter hereditario (por línea materna, paterna o de ambos) con la que se nace y se mantiene toda la vida, que lleva implícita una serie de rasgos comunes respecto a emocionalidad, sentido ético, perfeccionismo, motivación y creatividad, más las características individuales. 

Resultan absurdas muchas ideas del imaginario colectivo que suelen confundir rendimiento, resultados y capacidades. Las variables del entorno también forman un puzzle que hace cada caso único. No necesariamente una persona AACC debe ser un pedante sabelotodo, sino quizá alguien con mucho conocimiento de temas muy concretos de interés personal, incluso a edades tempranas. Tampoco un alumno de excelentes calificaciones cum laude; eso es sólo una muestra del talento académico (donde se combinan capacidades verbales, lógicas y de gestión de memoria) cuando existen otras áreas como talento musical, motriz o interpersonal, por poner algunos ejemplos. Igual que los resultados, la excelencia tampoco es forzosa: personas con altas capacidades pueden ser astrofísicos, profesores, encargados de una tienda, pintores, panaderos, horticultores o cualesquiera profesión del espectro humano.

Muchos adultos han crecido sin una detección en un entorno que considera sus rarezas como simples "rasgos de carácter", han conseguido atravesar el sistema educativo y no es hasta que sus propios hijos tienen problemas de adaptación escolar y se realizan informes psicopedagógicos que también deciden pasar por una valoración y reciben esa detección tardía.



(... Continuará)


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1 comentario on "Malditos cerebros (I)"