Infinite

La niña y la ciudad

by Evan Kafka
Pasar la noche en una tras otra hora, sin que de tiempo apenas al gorgoteo del café: no hay tiempo. Ni cansancio. La calculadora encaja la estantería brillante y el recibidor con el gran espejo. La alfombra luminosa arrastra el mismo polvo que he visto en el parque.

Principios conjugacionales de un relato-vida

Tenía unos 7 años y era una mañana de domingo, soleada y sin tareas pendientes, más o menos como la del pasado 26.  Observé la estantería del salón con curiosidad ociosa, porque no tenía ganas de poner la televisión. Saqué un libro al azar, La metamorfosis (y otros relatos) - Franz Kafka. Me dio bastante risa cuando empecé a imaginar la situación de un hombre (adulto) convertido en un bicho que, por la vaga descripción, parecía un escarabajo pelotero moteado. 

A las vueltas girar

A los 20 años (19, 23) todas las poetas nos parecemos.

Tenemos el pelo largo y teñimos los labios de rojo. 

La doble barrera III (J.H. IV)

Un punzante sonido se abre paso entre las sienes a la hora de siempre, pero ya no hay nada parecido a lo de ayer. Le sigue un estruendo deliberado, un aviso terrible, cuidado, es la alarma antiaérea. Bombardead todo, por favor. No quiero despertar. Ahora no, hoy no.

Yanga-lore: te voy a gastar el nombre


Aquí hace frío, pero es agosto. Llueve en pleno verano. No hace frío en realidad, es mi piel erizada. Abro las páginas y estalla una alarma de coche en la ciudad dormida. Puta sincronía, qué susto.

El negro es el color de la renuncia y mi pelo está teñido reciente de negro. Y de punta.

Ahora hace calor. Se fue la tormenta de verano y el aire es una brisa caliente, enseño los dedos de los pies y vuela el algodón teñido de colores en la India.