ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

Fuego con fuego

jueves, 30 de octubre de 2014
original Biblis (1884) - W.A. Bouguereau

«No me dormí hasta más de las 7 de la tarde, y hasta las 11 de la noche no me desperté» 

Justo lo que he hecho hoy.


En  el atropello de una limpieza superficial para las visitas que toman café, se me ha olvidado esconder en la estantería los penúltimos libros que estaba hojeando. Y, precisamente, por no estar hábilmente colocados para su exhibición, atraen la curiosidad de esas visitas. Como los gatos, que más se acercan cuanto más los ignoras. 

A ver qué estás leyendo... 

Se me erizan los pelos de la nuca.

Coño... ¿Kafka? ¿Lees a Kafka?

Yo no lo... es que... en realidad lo he dejado ahí... (trago saliva)

Pero es que Kafka es tan... tan...

En realidad es una edición de bolsillo, barata, un conglomerado de textos ya resobados, por el simple placer de abrir páginas aleatorias cuando me de la gana, como un oráculo, algo que no me permite la edición digital de las obras completas. 

Y de alguna parte, pasando vergüenza mientras escucho mi propio sonido, inevitables las palabras, la réplica sin pensar, sí, bueno, Kafka... no es para tanto, yo soy igual de complicadita que era él...

No puedo creerme que haya dicho eso en voz alta. 
Seguro que es una exageración, no sé por qué lo he soltado.



Al día siguiente, cuando ya es temprano pero noche cerrada -el cambio de hora-, es el día D y la hora H para un volumen que llevo postergando un año. El último que me falta. Salió en noviembre de 2013, coincidió con las pesadillas y sueños raros de esas noches y decidí que no era el momento. Ahora sí, llega noviembre otra vez. El único que me faltaba, combatir el fuego con fuego. 

La edición de Nórdica Libros de las Cartas a Felice. Sólo para demostrar(me) que estoy equivocada.

Cada dos o tres líneas tengo que levantar los ojos de las páginas. Y respirar hondo, para seguir. Pruebo a cerrar el libro. A abrir por cualquier parte al azar, a la mitad, por el final, a tres cuartos. Da igual. 

Cada frase, cada dos. Cada cuatro. 

Estoy leyendo en realidad las cartas a K.B., a A., a J. Qué más da. Preferiría haberme equivocado. Es insoportable. Es imposible no continuar; por primera vez en la vida, ya no me siento sola.

Aunque tardaré más tiempo de lo normal en concluir 814 páginas. 


Para combatir el fuego con el fuego hay que resoplar cada minuto. Y duele.

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