ESCRIBE; DESPUÉS LO PIENSAS

La Sombra y el exceso de creatividad

sábado, 27 de septiembre de 2014
original by Lauren K. Cannon


El concepto psicoanálitico de la Sombra es uno de los más alucinantes dentro de todos los elaborados por el autor suizo Carl G. Jung. Sombra es nuestra parte inconsciente donde se entierra aquello que no queremos ser o rechazamos, en contraposición al Yo consciente (Ego), aquello que de manera racional somos (creemos que somos o nos definimos como tal, porque también somos sombra). 

La estructura de la psique se complementa con otras cosas, como el ánima y el animus (las respresentaciones interiorizadas del otro sexo opuesto al nuestro), aunque sigo sin estar muy de acuerdo con esa parte teórica; Jung no pudo escaparse al influjo de su tiempo, a fin de cuentas, y sus definiciones están impregnadas con los roles sexuales de la época. Los analistas jungianos posteriores tampoco aciertan mucho, pero es una cuestión que dejaremos para otra ocasión, porque mis hipótesis no estarán acreditadas hasta que empiece y finalice la carrera de Psicología.


Regresando al inicio: la Sombra es compartida por todos y cada uno de los seres humanos, con independencia de su cultura, religión o país de origen. Se crea en la infancia a partir de todas aquellas características que aprendemos (por la acción del entorno cercano) que son vergonzosas, no deseables ni adecuadas. Celos, envidia, instintos asesinos, agresividad, odio, egoísmo y un largo etcétera. Todo eso se sepulta en el inconsciente y permanece reprimido, escondido, a lo largo de la vida; o debería, claro, porque desde ahí domina nuestros actos, provoca la mayoría de crisis existenciales a distintas edades, nos puede hacer enfermar, impulsa todo tipo de comportamientos irracionales o contradictorios, está detrás de las proyecciones en otras personas, de las filias y fobias exageradas hacia otros. Si la represión es excesivamente fuerte y va contra la propia naturaleza con la que nació el individuo, puede convertirse en un agujero negro que absorba toda la energía vital, e incluso adquirir "independencia" como si de un alter ego se tratara. El famoso doble maligno, el Dr. Jekyll que se transforma en Mr. Hyde. Curiosamente esta novela fue escrita por Robert Louis Stevenson a raíz de un sueño (lugar donde suelen manifestarse indicios de la Sombra) y publicada en 1886, mucho antes del enunciado de Jung, aunque a posteriori se ha convertido en un buen ejemplo ilustrativo. 

En esta explicación de tres al cuarto falta añadir un detalle crucial: la Sombra es algo más que la parte maligna o animal del individuo, domeñada por los buenos modales. Al crearse de manera aleatoria (recordemos que depende de las circunstancias: personalidades de los padres, hermanos y resto de familia que le ha tocado a cada uno, primeros educadores, primeras amistades) puede contener valores "positivos". Talentos no desarrollados, actitudes como la solidaridad o empatía humana en un entorno que considera que cada uno debe ocuparse de lo suyo y ser independiente, el gasto espléndido de dinero en un entorno ahorrador hasta la náusea, o las expresiones artísticas si el entorno no tolera tal cosa. En la Sombra está el Oro, decía Jung.



En ese punto es donde arranca todo mi interés hacia un campo que consideraba fabulaciones hipotéticas, hasta que lo viví en carne propia. Y lo sigo viviendo, ya que me apuran. A partir de los 17 años entré en una crisis existencial de la que no he salido, o peor, la de los 30 equivale ya a la crisis de los 60 años, porque la muerte está más cerca (de los 60 años de vida que me calculo, he consumido más de la mitad). La Sombra ha crecido hasta conseguir su objetivo, el de escapar a todo control. Debo admitir que (con crisis económica o sin ella) es uno de los motivos últimos (si no el verdadero) por el que a mis 35 años no tengo donde caerme muerta, ni he sido realmente feliz en ningún trabajo o tampoco he conseguido nada importante en lo profesional, aparte de un listado de malos empleos todos.

Es la explicación a esas cosas que no entendéis en absoluto y alguna vez habéis cuestionado:

Por qué siempre te estás quejando del mundillo editorial
Por qué siempre estás enfadada
Por qué reaccionas con tanta furia a los manuales sobre creatividad
Cómo puedes llevar 20 años escribiendo sin publicar nada
Por qué te dan ataques de  ira cuando se habla de creatividad artística

Por qué, por qué. 

Podría extenderme centenares de páginas, pero resumo lo básico: la creación artística de todo tipo ya estaba ahí desde que tengo memoria lineal, aproximadamente desde los 4 años. El entorno (educativo y familiar) ha animado tales manifestaciones, pero como un dardo envenenado: estaban bien de complemento positivo a la vida. Un entretenimiento que no debía ocupar nunca el día completo, ni pensar demasiado en serio sobre ello; mucho menos, una perspectiva profesional. Como quien va de excursión al campo algún domingo o reserva una tarde para ver la tele.

Mientras fuera así, no había ningún impedimento en dinero para clases, material o lo que hiciera falta. Por orden cronológico, la lista de saltos queda en: dibujo y pintura, música, escritura, danza, teatro, diseño gráfico, fotografía. 

Todo iba bien hasta que llegó la escritura. Encontré otras disciplinas, pero seguí escribiendo. Ahí empecé a falsificar las autorizaciones para participar como menor en concursos literarios que pedían la mayoría de edad. Llegaron otras artes, se quedaron un tiempo y después vinieron otras. Pero seguía escribiendo. Sin parar. Todo el rato. Cuando no escribía, pensaba en cosas nuevas por escribir, con la misma facilidad que se respira.

Si las condiciones son adecuadas, la Sombra estalla y se manifiesta en toda su magnitud, sin otra escapatoria que afrontarla e integrarla, en un caso ideal. Eso ocurrió a medias con la palanca del teatro. Era ocio y divertimento, pero di con las personas adecuadas (vocacionales) y acabó por ocupar demasiado tiempo hasta llegar a un nivel profesional (mi primer alta en la SS es de "actriz"). Intenté disolverme en el ambiente, pero en el fondo, fondo, el verdadero placer de los escenarios sigue siendo escribir las palabras que se dirán en voz alta.

No sin cierta dosis de culebrón venezolano en el entorno, reaccioné de manera absurda de un día para otro: si el previo decía que me gustaban las ciencias y cursaba Químicas, al siguiente declaré nada más levantarme que llevaba toda la vida equivocada y me iba cambiar a Periodismo. La única salida práctica que encontró mi sombra para escribir: noticias, columnas, artículos, reportajes, guiones para programas de radio y televisión; todo escrito. 


De las anécdotas que podría recordar de la universidad, lo único que destaco es la nueva libertad por la que empecé a escribir cosas que adquirieron el adjetivo de "libro". Ahora escribía "libros" y no "hojas sueltas", sin tener que avergonzarme ni sentir que hacía algo mal. Y uno de los mayores placeres, con diferencia, por obra y gracia del pase de prensa-estudiante, fue poder comportarme como un novelista profesional, esto es: viajar a sitios para verlos con mis propios ojos y poder narrarlos, entrevistar a expertos como documentación para varios capítulos, escribirlo todo después. 

No sería descabellado pensar que todos los malos trabajos que he ido encontrado después los he escogido inconscientemente para no estar pensando todo el día (para no dejar ni un poco de energía física/mental sobrante) en escribir. 

En los primeros meses del blog, cuando escribía una (¡una!) entrada al mes pero varias al día en mi libreta, me entró el pánico ante la fiereza de una creatividad que no se había oxidado lo más mínimo. Intenté frenarlo. Cambié de ciudad. Destruí todos los libros para que no quedara rastro, o para liberar el peso de dos décadas, o para evitar la tentación de suicidarme para que se publicaran una vez muerta, algo que he pensado no menos de cien veces en 20 años.

Pero llevo ya un par de años urgando en la llaga. Me saca de quicio tanta información sobre métodos creativos de escritor, el tratamiento de entidad sólida de los libros, el debate sobre los juntaletras jóvenes.

Esa contaminación constante, día sí y día también. Qué cansacio.

Las circunstancias me acorralaron hace casi un año. Ahí estaba la idea de otro libro, pero no podía evitar sentirme angustiada, agobiada y todos los -adas juntos porque no encontraba empleo para subsistir. Cómo tener un esquema de trabajo diario para un texto largo, y disciplina, y seriedad, si no hay un puto sueldo de lo que sea para alimentarse después.

La excusa es que no lo hacía porque no quería (porque no era adulto, maduro, sensato, hacer tal cosa) y lo repito hace apenas un par de posts.

La realidad es que no quería porque no podía. 

Visto que otra vez arrastro la misma situación desde la que he escrito tanto en este sitio (sin subsidio, buscando empleo, sin nada) y que precisamente por el blog he agotado mi paciencia en materia de quejas, no me queda otra opción que empezar a escribir en serio la puñetera novela aparcada durante casi dos años. Escrita en word es igual de mala a como estaba en la cabeza, pero al menos la saco de ahí. Antes de que me destruya. Siempre he sido más mi sombra que mi yo y así no se puede vivir.

Y porque como siga igual, a la crisis de los 40 no sobrevivo.




No habrá salvación más allá de la literatura. 






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