Infinite

Noche de la libreta distante


El verano nunca será el mismo.

Ya no es lo mismo.

El aire tibio sigue permitiendo ver la luz dorada hasta las diez de la noche, en una noche-tarde que no pertenece a ningún mundo. A esa hora, el salitre debe ser el olor del cielo. De día, el sol sigue poniendo la piel color café doble. Los lunares siguen apareciendo, color café con hielo.

Leer con música



Mentalidad de garrulos y a seguir timando


Rajoy anuncia en estos instantes los recortes y la subida del IVA genral al 21%. Al mismo tiempo, estoy redactando estas líneas, tengo otras 15 pestañas abiertas en el navegador con páginas de empleo, páginas propias de empresas, callejeros, servicios de consulta jurídico-laboral y oficinas virtuales del ayuntamiento. Y tomo café. Y maldigo en arameo gitano.


Todo junto, ya ven, multifuncionalidad extrema.

Riau riau pum

Mi primer San Fermín no lo recuerdo demasiado bien, para qué nos vamos a engañar: contaba con cuatro meses de vida, reales. Es decir, un embrión de cuatro meses. Pero la memoria fáctica no ha sido impedimento para que, año tras año, y porque sí, me levante el 6 de julio canturreando por lo bajini lo correspondiente. Es otra manía indescifrable de origen incierto, sistemática y perpetuada durante décadas, independiente al hecho de ver o no el chupinazo por la tv.

Perder el mechero y las alergias


Perder el mechero a las tantas de la noche era un favor, hace no tanto. De aquella época en que fumábamos dentro de los bares. La falta de nicotina duraba lo justo para elegir adecuadamente una víctima del retórico ¿Tienes fuego? y posterior conversación. Cuántas así.

Las reglas han cambiado

El vértigo no es cosa mía ni en lo alto del Dragon Khan. Quizás una sensación de aceleramiento en el estómago, subir-bajar, la gravedad maldita a 9.81 m/s². Esa velocidad toma impulso con el choque de dos pulsiones que se muerden en la boca. Visualiza dos dragones estilo chino, gigantescos, a dentelladas y guantazos.